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La electrificación del transporte urbano de mercancías en América Latina es una de las grandes oportunidades para la sostenibilidad y el desarrollo económico. Para que esta transición sea un éxito, debe ser justa e inclusiva, adaptándose a las realidades sociales y de empleo de nuestras ciudades y países.

Mediante el programa Laneshift de C40 Cities y The Climate Pledge, Despacio lideró una investigación profunda en seis ciudades: Bogotá, Medellín, Curitiba, Río de Janeiro, Quito y Ciudad de México. Los resultados nos permitieron formular una guía integral que mapea las brechas de conocimiento y ofrece, además, un modelo de formación en tres pilares para asegurar que la fuerza laboral actual (propietarios, operadores y personal de mantenimiento) pueda prosperar en la nueva era eléctrica.

La investigación, que incluyó 176 encuestas y 40 entrevistas con expertos, identificó un sector con una gran dependencia del aprendizaje informal y que enfrenta obstáculos significativos:

Barreras financieras y logísticas:

  • La formación técnica avanzada para el personal de mantenimiento es extremadamente costosa, creando una barrera de acceso.
  • Los pequeños propietarios y operadores suelen tener horarios rígidos y requieren modalidades flexibles de formación que se adapten a su modus vivendi.
  • La falta de publicación de costos de los programas de capacitación dificulta la toma de decisiones informadas.

Barreras de inclusión:

  • El sector está marcadamente masculinizado.
  • La inclusión de mujeres y grupos vulnerables como personas con discapacidad, jóvenes y adultos mayores, exige un esfuerzo consciente de las realidades y necesidades cotidianas de estos segmentos sociales.
  • Establecer becas, así como estipendios de sostenimiento y alimentación, es un método para promover el interés de este tipo de población.

Resistencia cultural y educativa:

  • Por parte de conductores, propietarios y personal de mantenimiento existe una marcada resistencia al cambio y desconfianza hacia la tecnología eléctrica, que solo puede superarse con diálogo y capacitación práctica.
  • La mayoría de conductores, propietarios y personal de mantenimiento viven y perciben ingresos “al día”. Además, suelen carecer de habilidades y herramientas que les permitan evaluar el costo total de propiedad y tomar decisiones informadas al momento de invertir en vehículos eléctricos de carga ligeros.

Para cerrar estas brechas, desarrollamos una guía que propone que la formación se estructure en tres pilares:

  • Habilidades técnicas y digitales: más allá de la operación básica, los programas deben enfocarse en:
    • Conocimiento especializado en sistemas de carga, seguridad en alta tensión, manejo y disposición de baterías y componentes electrónicos.
    • Alfabetización digital, es decir, una interacción constante con aplicaciones tecnológicas para la gestión de flotas y rutas, y lectura de documentación técnica.
  • Habilidades financieras: este es un pilar crítico que a menudo está ausente o es débil en la oferta actual de formaciones identificada:
    • Para adquirir vehículos es necesario conocer modelos de financiamiento, leasing, subvenciones y la capacidad de evaluar los beneficios económicos reales de los vehículos eléctricos de carga ligeros.
    • Entender la rentabilidad operativa, lo que incluye saber calcular costos de operación y mantenimiento (preventivo y correctivo) para asegurar la viabilidad del negocio.
  • Habilidades blandas: estas habilidades son clave para la adaptabilidad y la inclusión:
    • Herramientas para superar la «resistencia al cambio» y construir confianza en las propias capacidades.
    • Desarrollar habilidades para fomentar el trabajo en equipo, la resolución de conflictos y la comprensión de enfoques de género e inclusión.
    • Ir más allá de los manuales del fabricante, desarrollando la capacidad de análisis y diagnóstico independiente.

Para que estas habilidades se traduzcan en una fuerza laboral preparada, las ciudades y el sector privado deben actuar sobre la implementación, primero, fomentando la colaboración multisectorial. Esto incluye fomentar alianzas público-privadas-financieras, donde los gobiernos locales coordinen a la industria y a instituciones financieras con el fin de crear programas integrales de subsidios y becas con enfoque en grupos vulnerables. Asimismo, implementar estrategias de formación de personas formadoras para generar un efecto multiplicador y actualizar rápidamente los conocimientos técnicos en toda la red.

Segundo, se debe priorizar la flexibilidad y la práctica, ofreciendo formaciones que combinen lo virtual con lo presencial, estructuradas en módulos cortos y programadas fuera de las horas pico de trabajo. Además, proponemos adoptar un modelo de capacitación de 20 % teoría y 80 % práctica para asegurar que los conductores y el personal de mantenimiento adquieran experiencia real con el vehículo y la seguridad en alta tensión.

La transición al transporte eléctrico de mercancías es una oportunidad única en América Latina para crear buenos empleos verdes, es decir, empleos que estén acordes con las necesidades ambientales y climáticas a nivel global, sin que ello genere mayores brechas sociales, de accesibilidad y de género. El éxito de la electrificación depende, por lo tanto, de la voluntad de los sectores públicos y privados al momento de invertir en la formación justa e inclusiva de su capital humano.

Contribución de autoras

  • Christian Rincón: Redacción – borrador original.
  • Freddie Bossa: Revisión y edición.

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